Conoce a Jennifer
No hace cortes de perro. Hace trabajo de manto.



Cómo empezó
Con quince años cepillaba al cocker de su abuela cada domingo. No era una tarea: era el único rato de la semana en el que el tiempo se le pasaba sin darse cuenta. A los diecinueve entró de aprendiza en una peluquería del barrio y entendió que aquello podía ser una profesión de verdad.
Qué le apasiona
El momento exacto en que un manto castigado vuelve a caer bien. Le apasiona el detalle invisible: el secado que abre el rizo, la capa que hay que arrancar y la que hay que esperar, el milímetro que cambia la expresión de una cara.
Qué la diferencia
Se formó en técnicas que casi nadie quería aprender porque llevaban demasiado tiempo. Hoy el stripping y el trabajo a tijera son su firma, y la razón por la que muchos clientes conducen media hora para llegar a su estudio.
Su filosofía
Un perro no es un cliente que puede quejarse. Por eso trabaja con citas individuales, sin jaulas de espera y sin acumular animales. Si un perro necesita parar, se para. Si un corte no es bueno para su piel, se dice.
Qué significa el bienestar
Que el perro salga cómodo, sin nudos que tiren, con las uñas a su medida y la piel revisada. Y que la próxima vez entre por la puerta moviendo el rabo. Ese es el único indicador de calidad que le importa.
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